sábado, 22 de junio de 2019

ERES.

Por:Marcos Jose Gomez Santoya
Temática Libre

Eres el viento que me abraza, cuando me siento solo
Eres el canto de las aves que me acompaña durante las madrugadas y el café que me reconforta
en los días agotadores,
Eres la esperanza de mi lucha,
Eres la ventana que se cierra en noches tormentosas, y la puerta que se abre cuando el mundo es
un infierno.
Eres la cerveza que bebo, la música que escucho y el cigarrillo que no levanto de la cajetilla
Eres mis ganas de vivir, mi imaginación,
Eres la pasión que mueve mis sueños y mi razón de existir, mis ganas de estar en pie y seguir
peleando,
Eres lo que me mantiene fuerte y débil en todo momento, eres mi sonrisa, y la causa de mi llanto.
Eres mis sentimientos y mi humildad,
Eres el aire que llena sus pulmones de vida, y el agua que los ahoga,
Eres el viejo Rasputin, acompañándome a la esquina de la calle a coger el bus para ir a Cartagena,
Eres la luz que ilumina mis ojos sollozos, al escribir este poema.
Eres Beethoven, saltando y corriendo por todos lados,
Eres el sol que se oculta y la luna que se levanta en una noche incomprensible,
Eres la alarma, que me despierta todos los días a las seis de la mañana para ir a estudiar,
Eres la columna que me sostiene, cuando no puedo más.
Eres la música ranchera que ponen en el bar de abajo y las botellas de whisky en cada mesa,
Eres los días de paz, eres mis gritos y mi calma,
Eres la vida, que dura poco,
Eres la eternidad, que vivirá por siempre.
Eres su más grande amigo y su peor alcahueta.
Eres su todo, siempre serás su todo,
Eres su corazón, sus oraciones y sus suplicas,
Eres el amor más grande de su vida, y su más íntimo confidente,
Eres el vacío, que ha quedado en su interior.
Eres la lágrima que rodea nuestro rostro, al mirar el celular y saber que no llamaras más.

Eres todo aquello que extrañamos, cada día de nuestra vida.
-Tu Hijo, Marcos Gómez S.

Despertadores: Asesinos de Utopías.

Por: Andrés Alejandro Isaza Restrepo
Temática libre

Incoherente, amañado, pero perfecto. Aquí es fácil encontrar el amor, las balas no
existen, las guerras son de abrazos, llueve en los desiertos, los únicos robos son de
besos, por las pequeñas rendijas de los edificios crecen flores de todos los colores,
aquí los sueños se cumplen. Este mundo está por terminar, siempre se supo que
tendría un fin. Antes de empezar, aquel creador casi accidental, citó una fecha, un
momento en el cual todo terminaría.
En aquel mundo, las utopías se cumplen, no existe el hambre, no hay dolor, no hay
guerras, todo es felicidad, los humanos conviven perfectamente con la naturaleza.
Pero ese mundo terminará en breve.
Cinco, cuatro, tres...
Todo se mezcla, dos mundos se funden en un solo por unos instantes, un nuevo
mundo termina por engullir al anterior. La cita se ha cumplido.
El reloj despertador suena aún sobre la mesa. Quien hace seis horas fuera el
creador y protagonista de aquel mundo mágico levanta la cabeza del teclado donde
antes se durmió, apaga el despertador y se dirige hacia la ducha quedando toda la
magia de aquel mundo en un vago recuerdo.

Cinco veintiocho.

Por: Jose Ricardo Lopez Gomez
Temática libre

Terminó por despertarme su voz insistente, impaciente, me decía una y otra vez
–cinco veintiocho–. –Sí má, le entendí– le dije. Me sentí desconcertado;
claramente se trataba de un mensaje cifrado que me obligaba a interpretar de
inmediato, aunque me ganó el regocijo de su comunicación telefónica, daría todo
por esto, por escucharla, verla, tocarla.
Me quedé en su recuerdo resonante, sólo días después comencé por desmenuzar
la situación. ¿Por qué por teléfono, tan insistente y alterada, qué urgencia oculta
tenía el mensaje?; ¿sería una fecha?, ¿me está advirtiendo algo?... debo
cuidarme, ¿de qué? o ¿de quién?; ¿un número para apostar?, lo mantuve en
secreto, obvio. ¿O será algo que pasó el año pasado? Y si comparto el número
con mis hermanos… ¿será para eso que me lo dijo?, pero cómo regalar la suerte,
luego no gano nada por bobo, o no gano por egoísta; quizás lo deba compartir,
pero no apostar yo para no dañar la suerte. No lo diré a nadie, –decidí–. Baloto,
loterías, apuestas, astro sol, astro luna, por todo lado intenté; para apuestas de
cuatro cifras le antepuse el cero porque dijo 5 que es igual a 05; o el 1 porque Dios
es uno, ella es uno y yo soy uno, ¿no?; o el 8 porque horizontal es el infinito,
donde está ahora.
Era marzo y faltaba una eternidad para la fecha, si era una fecha, me carcomía la
ansiedad. Y de pronto… creo que mi sobrino cumple años ese día, tendría que ser
discreto para averiguarlo; mi hermana mayor me lo confirmó, no podía decir nada,
no quería alarmarla ni revelar el mensaje de mi mamá. Y no ganaba. Y llegó el 28
de mayo y no pasó nada. Revisé mi agenda del año pasado por esos días finales
de mayo ¿qué pasó, qué pista pudiera encontrar? Fue lunes, salí de la oficina a
las 5:00 pm y fui directo a casa, llegué justo para ayudarla a llegar hasta el baño;
casi no podía sostenerse en pie, ni en su dignidad de mujer; temblorosa,
desmadejada y bañada en sudor regresamos a su cama. –Me miró suplicante–,
rendida por la enfermedad y la inclemencia de los años, me pidió que le ayudara a
rogarle a Dios que se la llevara, que su vida ya no tenía sentido, –impávido, sin
aliento, sin dudar dije sí– como el mayor acto de desprendimiento y amor que

sería capaz. Quizás a eso se refería en mi sueño, nueve meses después de su
muerte… o quizás no.

PEQUEÑOS OJOS

Por: Alejandra Nataly Velasquez Moreano
Temática libre

Esa tarde efímera en la que Selene contemplaba aquella pared, la pintura
presentada le hacía pensar – ¿qué se siente ser libre?,¿dónde se encontraría ese
lugar?, esa pintura que mostraba un lugar lleno de paz y tranquilidad, repleto de
vida y colores. Pero ella solo estaba ahí en esa jaula, que por muy engalanada
que estuviera, oprimía su libertad, ¡pero no, no se daría por vencida!, conocería
ese lugar.
Y esa tarde fría donde el viento se colaba por sus plumas se presentó la
oportunidad, y pensó - ¿por fin sucederá?,¿ocurrirá?; emocionada dio unos pasos
hacia la puerta y abrió sus alas, alzo el vuelo; ¡por fin era libre!, no lo podía creer y
con eso, solo se fue de ese mísero lugar. Emprendió su búsqueda, pero al ir
adentrándose en esa búsqueda, se encuentra con una humanidad cruel, la cual
destruye y lastima sin pensar en su entorno, en cuantos seres sufren la perdida de
familiares, de sus hogares, solo por la villanía y la ambición de la humanidad;
entonces se plantea en ayudar a estos seres y aplazar su búsqueda. Un día se
encuentra con una monstruosa escena, un vil humano lastimaba y abandonaba a
un pequeño gato; nuestra amiga entra a defender a este ser, pero en el intento
sale muy lastimada y piensa que es su fin, que no llegara a conocer el hermoso
lugar de la pintura y con esto pierde la conciencia.
Al despertar se encuentra con unos hermosos ojos, que estaban pendientes de su
despertar, estos bellos ojos le pertenecían a una pequeña niña, la cual encontró y
ayudo a Selene, está pequeña hace que nuestra querida e intrépida ave,
encuentre un pequeño rayo de esperanza en la humanidad.
Así Selene emprende un nuevo viaje, el cual consistía en seguir ayudando, pero
esta vez no lo haría sola, porque tenía unos hermosos ojos que le ayudarían y en
esos ojos - ¡esos pequeños!, encontró la bondad y un nuevo anhelo. Allí encontró
la libertad de su espíritu.

El Mundo De Arriba

Por:Nicolas Alejandro Montes Suescun
Temática libre


Él era Wamán, niño inquieto y sonriente, de oscura piel y pelo liso, tal vez mal vestido,
tal vez desarreglado, hijo de un pueblo indígena situado en el centro-occidente de
Antioquia, los Embera. Quien junto a su padre y gracias a Dios, al destino, a Karagabí,
a Humantahú, a alguna organización cultural y esencialmente al permiso del Jaibaná,
emprendieron un viaje para compartir uno de sus tesoros ancestrales más
significativo, su lengua.
Para llegar al centro del país, lugar donde se celebraría el primer festival étnico, era
necesario atravesar de extremo a extremo todo el territorio Colombiano. Al llegar al
aeropuerto y tras verlos dudosos, se les acercó una joven con evidente intención de
ayudar y que en su chaleco reflectante se podía ver que alguna relación debía tener
con el aeropuerto. Con toda diligencia entregaron documentos, fotocopias y un mar de
papeles más. Ese titubeo era de esperarse, a ellos que les hablen de cultivar maíz,
arroz o yuca, que les hablen de la luna o de la cosecha, no de buscar taxis, ni de dar
direcciones y menos de hacer check-in. Llegó la hora y los altavoces indicaron que
debían abordar. El padre se levantó, caminó y pasos más adelante notó que Wamán
no estaba, regresó a buscarlo y lo encontró sentado, casi que inmóvil, sin pronunciar
palabra, con una mirada perdida como viendo cara a cara a la muerte. Antes de que
su padre pronunciara palabra alguna, << no voy >> dijo el niño, << ¿Qué ocurre? >>
preguntó el padre desconcertado. Después de un corto silencio, respondió
nuevamente el niño con más firmeza, << ¡no voy! >>.
!Qué ironía¡ el avión partió sin ellos, todo el papeleo, los taxis, las direcciones y el
check-in tirados a la basura, casi tan irónico como que Wamán signifique halcón.
El padre impotente, enojado, incrédulo y con absoluta resignación, se sentó.
Había olvidado lo más importante que le enseñó a su hijo, sus creencias. Para el
pueblo Embera, el mundo que conocemos se divide en tres submundos, el primero,
conocido como el de abajo, que es donde están las personas, el intermedio, donde
viven espíritus como el de la naturaleza o del agua, y por último, está el mundo de
arriba, donde habitan los espíritus de los muertos y donde claramente Wamán no
quería llegar. Lo que para alguien simplemente fuera un viaje más, para Wamán fue
una decisión de vida o muerte.

El Hombre Verde

Por: Hanna Lucieth Bohórquez Alzate
Temática libre

Resonaban en las paredes el sentido pésame de un viejo cadáver.

Fueron muchos años de ir y venir en las redes cibernéticas. Numerosos artículos de
Greenpeace, WWF y BBC dejaban en evidencia su desmedida angustia por el
medio ambiente, acompañado siempre por reflexiones apocalípticas sobre el cambio
climático que adornaban su mesita de noche. El hombre verde, no salía de su casa
por amaño a la rutina, por qué pensar siquiera en cruzar la puerta si la pantalla
reflejaba bosques y praderas que daban cabida a escenarios idílicos.

El día sucedía común, camisa curtida, sudadera negra, las ventanas cerradas
bloqueaban el incesante ruido citadino. Ya se acercaba la hora de su quinta sesión
de retuits.

Tal vez fue la barba que ajustaba meses, o el parche negro en sus lentes, que no
le permitió ver el arácnido huésped que subía por su entrepierna.

Un pájaro galopin cantaba en su último click.

Tarde de Ensueño

Por:Lina Maria Vargas Correa
Temática libre

Ella estaba sentada en su lugar favorito, un pequeño claro del bosque, cerca de la
cabaña donde vivía, era un día soleado pero aun así, una suave brisa acariciaba su
piel, agitaba su cabello y removía las hojas de los árboles que la rodeaban. Amaba
estar en ese lugar, sentía una paz absoluta en medio de aquel silencio solo
perturbado por el canto de las aves.
Escribía en su diario los acontecimientos del día anterior y como siempre la mayor
parte de su relato consistía en describir sus pensamientos y sentimientos por él, allí
podía expresar abiertamente lo que no podía en voz alta, ¡si tan solo pudiera
decírselo contemplando su rostro, con la misma facilidad con la que lo escribía!
Mientras transcribía una a una sus emociones en aquellas páginas, una sombra
obscurecía su libreta, al levantar su cabeza para ver qué pasaba, sus ojos se
encontraron con la luz de unos ojos marrón que la miraban fijamente, aquellos ojos
que ocupaban la mayoría de sus sueños y pensamientos, él tomó su mano para
ayudarla a levantarse, tropezó y cayó en sus brazos, su cuerpo se resistía a alejarse
y lo hizo solo para ver de nuevo sus ojos.
En un impulso de valentía, que solo le alcanzó para un susurro, le dijo que lo amaba,
para recibir por respuesta un beso...el más dulce y apasionado beso que jamás
había recibido, sentía que sus rodillas cedían al peso de su propio cuerpo, que sus
entrañas se estremecían, sentía espasmos en cada rincón de su ser.
Se encontraba perdida en el tiempo y en el espacio, entregada a aquel ensueño,
cuando llegó a sus oídos un lejano sonido, un pipipipí pipipipí que la trajo de vuelta,
giró en su cama, tomó el celular “5:00 a.m.”, hora de levantarse.

GANADORES

VII Concurso de Cuento Corto U.N. en la Web Puesto y categoría Cuento Autor Primer puesto: temática libre Reencarnación...